Los lunes juego al fútbol mientras espero que mi hija nazca.
Me avergüenza admitirlo pero casi siempre pierdo el control.
La dinámica que continúa es más o menos así:
me disculpo y camino a casa, pienso.
Específicamente por esto último
puedo decir que saqué un par de conclusiones.
La primera tiene que ver con que hay algo adentro que quiere sangre.
Imaginate una pileta olímpica con los andariveles y los nadadores.
Ahora sacá los andariveles. Ahora el agua. Ahora los nadadores.
Eso es lo que pasa, un sistema en funcionamiento que va separando las piezas
con la velocidad de una idea hasta que deja de funcionar.
La segunda es un poco más clara. Necesito unos nuevos botines.
Unos galácticos. Que destellen en el aire líneas de luz cada vez que mueva una pierna.
Respecto a esta conclusión tomé un par de notas vinculándola con la poesía.
Nota uno: unos botines galácticos son como un fal para los marines
Nota dos: detesto a las personas que escriben malos poemas
Nota tres: detesto más todavía a los que escriben malos poemas y se esfuerzan por que dejen de ser malos
Nota cuatro: que se mueran los que leen sus poemas como actores
Nota cinco: que se mueran después los que escriben poemas y organizan lecturas
Nota seis y última: que los poetas con botines galácticos hagan muchos goles.
