Literatura de Subsistencia
Los principios del federalismo

Una tarde escuché a mi vecino gritar pidiendo ayuda.

Pensé en que otro de los vecinos podría escucharlo y acudir.
De todos modos me senté junto a la puerta
y esperé atento.

O no había nadie o nadie quería ayudarlo.

El hombre forzaba tanto la voz que empezó a toser
y a ahogarse mientras gritaba.

Yo me vestí, calenté agua para un café
y seguí apoyado sobre la puerta escuchando los gritos.

De un momento a otro el hombre se calló.
Después lo escuché toser durante varias noches.

En el lapso de las dos o tres semanas siguientes
me lo crucé en el supermercado
y me saludó como siempre con un movimiento de cabeza.