La inexperiencia y los errores de cálculo
lo hicieron empezar una y otra vez desde el principio.
Desde la idea cero.
Los primeros días la idea que flotaba en su mente
era muy clara. Después se fue desarmando. Difuminando.
Hasta que en su mente ya no había más idea.
De todos modos continuó. Estaba seguro de que la gente buena
se rodea de gente que la acompaña. Y que, en cambio, la gente
mala se la pasa sola. En sótanos oscuros
o parques otoñales, sin más compañía que
la sólida confianza en si mismo.
Hay un santo que nos corresponde.
Por cada minuto entregado a su proyecto
la vida se le hizo más dilatada y extenuante.
Una noche, luego del baño después de la cena,
cuando ya estaba en su cama. Soñó que su proyecto
era obsoleto. El sueño reunía a varias
personas respetables a su juicio
y cada una exponía, en una especie de tribunal,
argumentos contundentes que lo demostraban.
Esa mañana abandonó el proyecto. Dejó que se siga desarrollando
en sus pequeños momentos de contemplación.
