Papá cava con su pala de punta redonda en el patio del fondo.
Dos, tres, cuatro, cinco paladas y descansa:
le entierra la punta hasta la mitad
y se apoya sobre el cabo con las dos manos.
Siente su corazón en los oídos. La transpiración en la frente.
Los brazos flojos, adormecidos por el esfuerzo.
Al lado de papá está Beto, su perro guardián.
El agujero que está haciendo papá
es para Beto, su perro guardián.
Las navidades y sus ruidos,
lo transformaban en un animal extraño.
Y esta vez, papá, por pensar en lo que no debía,
olvidó de poner una de sus pastillas para dormir
camuflada entre la comida de Beto.
Lo que tenemos que entender
es que papá quiere mucho a los perros,
y siempre se le mueren.
Lo que también tenemos que entender
es que papá vive en el desierto. Y un perro,
en el desierto, es lo único que te puede seguir.
