Literatura de Subsistencia
Tareas domésticas

Tengo un televisor desarmado sobre la mesa donde como.

Hace días que trato de desenroscarle un parlante con un cuchillo.
Y cada vez estoy más cerca.

En algún momento los tornillos se van a aflojar. Pero va a
haber uno, el último, que va a estar tan adherido a la rosca.

Me va a hacer abandonar la tarea. Perder
el entusiasmo.

En un rato voy a ir a la presentación de un libro.
No porque me interese: es que me siento solo.

En el cuarto, quinto día, cuando logre
arrancar el parlante, para darme cuenta que no puedo
entender cual es su desperfecto, voy a conectar la tele así,
abierta al medio y voy a cambiar los canales
haciendo contacto con el cuchillo sobre la placa de transistores,
y el parlante: va a funcionar.

Otra cosa que se arregla al borde de destruirse.

La tarea continúa colocando el parlante
en su lugar. Tratando de que
quede fijo y que no se quiebre la punta
del cuchillo: porque tengo pocos y ya casi todos
sin punta.

Finalmente pienso que con tres tornillos,
en vez de cuatro, es suficiente
como para no afectar su funcionamiento y
bajo esa reflexión, decido intentar cerrar la caja.

(Tengo las manos llenas de polvo. Polvo criado
entre la oscuridad de los transistores, de los cables,
del vidrio opaco del tubo.
Polvo que nunca tuvo contacto con la luz tan
directamente como ahora. Polvo negro, denso, graso)

¡Ah! ¡Ahí está! ¡Le quebraste la punta!

Ahora ese cuchillo, aparte de verse feo,
ya no va a poder desenroscar ni enroscar nada.

Pienso unos segundos en mi madre.

Puedo darme cuenta que el televisor
va a quedar así un tiempo más. Porque seguro
no voy a poder hacer que coincidan las perillas y botones
de la placa de circuitos y transistores y cables, con las ranuras de la caja
de plástico negro que la protege. Y voy a seguir durante los días
siguientes, al quiebre de la punta del cuchillo,
tratando, una o dos veces por día, de atornillar las dos mitades
separadas de la caja y
de que, para esto, primero coincidan los botones y perillas.

Y un fin de semana. Sin mucha concentración ni interés.
La caja se va a cerrar sola. Todo va a acomodarse en su lugar,
y así la cosa va a volver a la estable armonía del principio,
cuando no había desperfectos.

El televisor lleva un tiempo sin encenderse. Está junto a un escritorio
lejos de cualquier enchufe que lo pueda accionar.
Tiene encima una mochila.

Lo curioso es que la otra noche tuve insomnio,
porque me desperté a la madrugada con la salvaje ansiedad
de que el televisor debería ya estar cerrado hace tiempo
y aún sigue, bochornosamente, sobre la mesa donde como
abierto en dos con todos sus circuitos al aire. Incluso podía ver el bulto
negro montado sobre la mesa junto a unos platos sucios.
Por la mañana me desperté y quise corroborar este hecho, pero
el televisor, ahora arreglado, estaba junto
al escritorio. Tal como lo dejé hace un par de semanas.