Esto es el desierto.
Una lluvia ácida sobre los plantines nuevos
del jardín principal.
Este es el bonsái donde se piensa.
Hace frío y mi papá está sentado con una manta en las piernas
con una media de mujer en la cabeza
junto al fuego: porque acaba de bañarse.
Papá: ya no sueño más con la caída y el rescate.
Ahora sueño con la danza de los autos en hora pico
vistos desde arriba
y a veces sueño con un temblor que tumba
hacia un costado y luego hace derrapar
al colectivo en el que vuelvo del trabajo.
El sonido del desierto continúa en la cabeza
aún cuando ya estamos en la ciudad,
como ese zumbido después de los recitales
llegado el momento de concentrarse para dormir.
Uno de los cactus enfermó.
Los demás esperan su recuperación
o su reemplazo. Y eso los mantiene inquietos
y sin apetito.
Mi papá vive solo en el desierto
y esta apagando todas las luces
para irse a dormir.
